Vámonos de links, fantasmas. Como no puedo encontrar el artículo de EL CULTURAL, me remito a la reflexión de la Sargento Margaret y a una entrevista con Ignacio Echevarría. Según las ganas y el tiempo podréis profundizar en el tema con otros enlaces.

Un buen actor con Keanu Reeves
Voy al grano: al parecer, a Ignacio Echevarría le cayó una buena por una crítica destructiva sobre la apuesta editorial del grupo PRISA en 2004. Recientemente, escribe un artículo hablando de los trolls y los mimosines (pelotas que comentan cualquier publicación de los escritores), y el daño que pueden causar.
Poco tengo que añadir a las reflexiones de la Patrulla, pero sí me gustaría comentar lo difícil que resulta hacer una crítica imparcial. La necesidad de hacerla pública o no es otro tema, pero al menos que goce de cierta objetividad, lejos de intereses comerciales o de otro tipo, que no resulte sesgada y que se firme con nombre y apellido empieza a ser un objetivo utópico. No pretendo dar con la solución, pero sí destacar ciertos aspectos, casi psicológicos, que dan qué pensar:
- Una mala crítica (firmada) es más creíble que una buena. Debido a la corrupción de los medios de comunicación por parte de enormes grupos empresariales que los manipulan, es difícil encontrar malas críticas: si alguién tiene el arrojo de decir lo que piensa, corre el riesgo de que le hagan un Echevarría. Y no nos fiemos de los críticos independientes: muchas veces se encharcan en el amiguismo o en el soborno de las editoriales que envían los libros.
-Es muy fácil dejarse llevar por la ironía, el insulto, en definitiva, la amoralidad, desde el anonimato (quedó demostrado en los famosos experimentos de Milgram y de Zimbardo), algo que la red ofrece con mucha frecuencia, y aunque resulte divertido de leer, al autor objeto de la crítica no le hace tanta gracia.
-¿Será por este aumento de la destructividad por el que nadie admite críticas en la red? Entiendo que no se admitan desde un comentarista anónimo, pero alguien que publica (autor y editor, ojo) un libro se expone a recibir la opinión de sus lectores (algo que, muchas veces, no tiene nada que ver con la cifra de ventas) y debería ser consciente de que esta opinión, bien argumentada, razonable, puede ayudar a mejorar, aportar matices, ayudar a correr la voz. Me gusta la gente que responde: gracias por tu opinión.
-No exite la novela perfecta. Ni la película, ni la obra de arte perfecta. Puede existir perfección técnica, desde luego, pero al entrar en el terreno de la creación, la subjetividad (en forma de emociones) se apropia del espacio, de la visión, del juicio. Por eso resulta tan fácil criticar… y casi imposible justificarlo.
En fin, reflexiones que podría dejar en un cuaderno, pero las plasmo aquí porque me interesan vuestros comentarios. Besos, mis fantasmas.