Sí, si, ha ganado el Barça. Y el año pasado ganamos el Mundial, ¿y? El paro sigue creciendo, y la vida, como siempre, continúa.
Ayer hicimos, Draculina y yo, otra visita a los acampados de Sol, porque si esperamos enterarnos de algo por la tele, lo llevamos más claro que el caldo de un asilo. En fin, las notas ingeniosas están colgadas, la acampada sigue y, por supuesto, las buenas intenciones. Pero los turistas se pasean bajo las lonas como si visitaran una performance callejera, y los acampados tocan tambores, escriben blogs, cocinan y reparten alimentos, y van pidiendo por el pueblo saharaui, potenciando un taller de sexualidad feminista y promulgando las virtudes de una dieta vegana. En esto se ha convertido el 15M. En una serie de reivindicaciones necesarias unas, respetables otras, altruistas todas. Pero algo se ha perdido, si es que alguna vez se encontró. Lo siento, pero tengo mis razones para pensar que nada va a cambiar. Que el único cambio depende de nosotros mismos como individuos, hacia una ética personal y respetuosa hacia la libertad del otro.
Mientras, a un amigo nuestro que trabaja en una de esas monstruosas empresas que todo lo absorben le han dicho que antes de que acabe el mes debe recuperar todas las ventas que ha perdido la tienda por culpa del 15M. De verdad, este mundo es de locos. Qué bien estamos en el Más Allá.
Besos, mis fantasmas

No sé exactamente en qué ni en en cómo, pero creo que este movimiento fructificará en algo. No sé si en cambiar la ley electoral o en otro tema. Será un pequeño cambio quizá, pero espero que sea significativo para mover un poco a la gente. Y mover no significa necesariamente irse a acampar. Moverse significa pensar a lo que vas a dedicar tu tiempo y energía (¿a una multinacional, a una tienda de barrio, a un negocio propio, a una administración pública?). Moverse es también pensar qué productos voy a comprar, qué fomento con mi actitud y cómo trato a los demás. Un millón de decisiones que tomamos en el día a día. Ética y responsabilidad individual, a partes iguales. Porque si tenemos que esperar a que el mundo y el otro cambie, lo llevamos claro
Sylvia, me parece un comentario muy acertado. Es evidente que el sistema no se va a colapsar, es una matriz que alimentamos y necesitamos. Pero me parece muy correcta tu propuesta de ser conscientes de lo que compremos, de lo que se lleve nuestro tiempo y energía. El cambio está en nosotros. Un saludo.
Esta tarde estuve escuchando el discurso de Manuel Castells en la #acampadabcn, igual lo viste por que lo compartí en facebook. Hubo una frase que me capturó: “Todos somos descendientes de cobardes” y que estaba en esta parte del discurso:
“Según nos dice la neurociencia, el miedo es la emoción primordial del ser humano. El miedo es lo más importante que tenemos todos. ¿Por qué? Porque todos somos descendientes de cobardes. Porque los que eran valientes y no corrieron suficiente se los comieron las fieras.
Por tanto, toda la sociedad está basada sobre la capacidad de instigar el miedo que todos llevamos dentro y la capacidad de las personas de superar ese miedo. Y esa superación sólo se hace con otros. No se hace nunca individualmente, se hace con otros. Y en la superación del miedo a través de proyectos individuales que se transforman en colectivos, sin dejar de ser individuales, a partir de ahí se empiezan a plantear críticas alternativas y debates sobre qué otras formas de vida todavía son posibles”
¿Quién sabe…? Los vídeos están en SociologíaContemporánea
Desde luego es una idea curiosa, Isabel, pero da pie a un símil muy peligroso: es cierto que no podemos desprendernos de millones de años de evolución, pero no creo que seamos hijos de cobardes, sino de los más valientes (el miedo te impulsa a la huída o a la lucha), de los que mejor se adaptaron al medio. Como ya no estamos luchando contra la naturaleza (más bien nos la cargamos, pero ese es otro tema), qué debemos entender, ¿que los que tienen miedo (a perder la nómina, la seguridad, etc) han de ser dominados por los más fuertes (banqueros, empresarios tiburones)? No sé, es algo que se me ocurre y soy consciente de que simplifico demasiado. Estoy más en la línea del comentario de Goio, más abajo. En cualquier caso, echaré un ojo a los vídeos cuando tenga un ratín (es una semana pelín ocupada, esta). Un saludo y gracias por tus comentarios.
Yo no creo que aún estemos en esa fase de supervivencia a la que creo que apela el miedo que sí te lanza a las calles (o a la selva) en compañía de otros para sobrevivir. Creo en esa ética individual, y en que si hubiera existido gran parte del sistema actual no sería corrupto y por tanto no estaría en la picota. Ahora ya, los que perdieron esa ética, hicieron leyes y construyeron sistemas para que no pudiera derribarse, y hacerlo puede sernos aún más caro. Aunque con la suficiente presión, se haría, sí, sin duda.
A mí esta democracia me da actualmente una cosa entre pena y nostalgia. Ella no nació como semejante monstruo. Yo era uno de los que aunque niño estaba allí cuando nació, con sus múltiples casualidades, contradicciones, e infinitos miedos (y estos eran de los gordos), y posiblemente esa memoria me lleve a pensar que en realidad la historia se reinventa y se repite sin que el momento en que te toca participar esté claro. Igual es nunca, quién sabe. O eso, o lo mío es resilencia…
No se trata de echar por tierra todo el trabajo que costó instaurar la democracia, ni mucho menos. Yo creo que se sigue valorando en su justa medida, pero sí es hora de adaptarla al las exigencias actuales, de encauzar su madurez, sin perder nuestros derechos pero sí matizándolos. En fin, veremos… Un abrazo.
PD: Coming soon en Bilbao…
¡Qué expectación!
[...] y amantes: en la memoria quedan las JMJ y toda la polémica que trajeron, la ilusión del 15-M y su contagio, así como la decepción al ver como un fuerte deseo de cambio no es suficiente para [...]