Me he enfrentado a la lectura de Sueños de bolsillo a saltos, y no sé si es la mejor manera de tratar las aventuras adolescentes de Tommaso Rossi, un trasunto apenas disimulado de su autor, Francesco Spinoglio. Por otro lado, la historia no necesita de mucha atención: no existe una trama rebuscada ni una cantidad de personajes inabarcable como para no poder interrumpir la lectura.
Ya nos avisa José Ángel Barrueco en su estupendo (cuando abandona el resumen a favor de la opinión) prólogo que Spinoglio no oculta sus influencias, es más, las explicita en el libro. Tampoco oculta sus intenciones: dejar claro su deseo de perdurar, de no llevar una vida normal, ordinaria, racional. “El objetivo de esta novela es, entre otros, fomentar la reflexión y despertar emociones fuertes en el lector“. Un deseo compartido con cualquier escritor que Francesco muestra descaradamente. Porque otra de las facetas del protagonista, y casi diría que del propio autor, por lo poco que le conozco, es su arrojo, su valentía. Una sinceridad que encaja a la perfección con el niño Tommaso, que tilda de fea a su profesora, que se enfrenta al mundo con mentiras, con puñetazos y tacos, con un desparpajo infantil que te adentra en la historia con facilidad, que hace fluir la empatía. Salvo en algunos puntos: por ejemplo, tras un parlamento sobre el deseo de convertirse en Duende Verde, suelta “una vida embotada de racionalidad se me antojaba sosa“. ¿Bien escrito? Por supuesto. Y no sale del tono general de la novela. Pero a mí me sacude un poco: tras haber conseguido meterme en el pensamiento infantil de Tommaso, una frase así me devuelve a la realidad de un bofetón, me recuerda que es un adulto quien escribe esto. Algo que ya sé desde la primera página, pero que no me apetece confirmar ahora que ya estaba sintiendo sus ansias de supervillano.
No quiero revelarlo, pero el final del libro, desencadenado a partir de un encuentro en cierta habitación alemana, me ha encantado.
Os gustará si leeis biografías, memorias con cierto sarcasmo, a John Fante, el surrealismo italiano salpicado de tacos. No os gustará si preferís la sutileza, asistir en lugar de escuchar, la fantasía poética sustituyendo la prosa acertada.
Besos, mis fantasmas.

Desconcertada!
Confieso que me gusta la sutileza, ese “asistir en lugar de escuchar” (me la anoto) pero lo de las “memorias con cierto sarcasmo” también.
“Fantasía poética” suena dulzón, lo deseable (para mí) sería prosa acertada con cierta poesía. #remezclando
Vaya, que voy a volver a leer en post porque me enredé con este párrafo y se me olvidó de qué iba el libro, ¡Uf!
¡Feliz día de… regalos!
Sí, reconozco que el parrafito en cuestión es un pelín lioso… pero un poco a propósito. La verdad es que se deja leer( el libro, no el párrafo). Espero que los Reyes me hayan traído un poco más de claridad para este año. Un abrazo y gracias por pasarte, como siempre!
No era lioso el párrafo, se entendía perfectamente. Lo que trataba era de indagar en mi propia confusión. No eres tú el que necesita más claridad, de eso vas sobrao Daniel.
El libro tiene buena pinta sí, estoy deseando poder hacer un paréntesis en las prioridades de trabajo para evadirme un poco. Hay alguna recomendación tuya esperando ya (físicamente, no en la lista) en mi rinconcito de lectura preferido.
Mmm qué bien. Pues ya nos contarás… supongo que los libreros tienen este tipo de satisfacciones: ¿Qué tal aquel libro que te recomendé? Aunque cada vez quedan menos de esos…